CRÓNICA NAVIDEÑA: MEMORIA MUSICAL DE UNA FRONTERA QUE SUENA
Asomaba el siglo XX y las celebraciones navideñas empezaban a transformarse gracias a dos innovaciones que marcarían para siempre la historia cultural: la radio y los discos fonográficos. En Colombia, amenizar las festividades dependía exclusivamente de los grupos musicales en vivo, que resonaban con fuerza en los solemnes e inmensos clubes de la ciudad. Las orquestas, los dúos y los conjuntos ponían a bailar a la alta sociedad, mientras que la gente del común celebraba al calor de guitarras y panderetas hechas de tapitas de gaseosa, interpretando canciones dedicadas al Niño Dios. Así, la Navidad —que en un principio nació como un mes apartado para celebrar el nacimiento de Jesús— se convirtió con los siglos en un cóctel de rituales europeos y orientales, una mezcla que desdibujó su esencia religiosa para transformarla en un terreno fértil para el comercio, incluyendo, por supuesto, a la industria musical. Y esa mutación cultural encontró su punto de quiebre perfecto en un nuevo siglo ...